“No son treinta pesos, son treinta años”:

Resultados de nuestro concurso de relatos 

 

Agosto, 2020

Durante los meses de abril, mayo y junio de 2020, como Proyecto Anillos – y con la coordinación de nuestro equipo de asistentes de investigación – realizamos una convocatoria abierta para recibir pequeños relatos sobre la vida cotidiana en el Chile de los últimos 30 años, que luego pasaríamos a entender como retazos del tejido de la vida social chilena bajo el neoliberalismo. La premisa era encontrar diferentes anécdotas, historias y momentos que representasen para las personas el neoliberalismo: cómo se vive, cómo se siente, cómo se proyectan los individuos dentro del sistema y en definitiva a lo que aspiramos cómo habitantes de este país en un contexto donde priman las relaciones de mercado. El resultado fue diverso y sumamente interesante. Recibimos un total de 395 relatos de un total de 193 participantes, provenientes tanto de la categoría escolar cómo la general. A comienzos del mes de agosto pudimos entregar los resultados con la ayuda de un jurado compuesto especialmente para la ocasión por la escritora Valentina Vlanco, el antropólogo y poeta Leonardo Piña y nuestro investigador de postdoctorado Pablo Briceño. A continuación presentamos los relatos ganadores y menciones honrosas de dicho concurso, con mucha gratitud hacia sus participantes y todas las personas que contribuyeron con su gestión y organización. 

[Sin título] 

Ya era hora de ir a acostar al Pedrito, ya le había dado a Carmen su papilla y habían visto un rato monitos.

Lo arropó y le dio un besito de buenas noches.

Tomó su cartera, se sacó el delantal, tomó la micro, y se dirigió a su casa, a ver a su hijita, que había dejado

con su vecina encargada durante el día.

Pía Provoste González, primer lugar categoría escolar, 17 años

Capitalista sin capital

Juan vive en un gueto vertical, pagando tres veces el arriendo que corresponde. “Ser pobre es un estado mental”, dice. Se arregla, y parte a repartir delicias al barrio alto.

Juan es un emprendedor con garra, trabaja 12 horas diarias sin contrato para una aplicación, “pero porque yo quería, aquí soy libre”.

Juan revisa su Instagram durante la hora de colación, alimentándose con debates, hechos y lógicas neoliberales. “Si el Estado te paga algo es socialismo, chamo”.

Juan trabaja duro, quizás demasiado, para algún día poner un puesto de perros calientes, como el que tenía en Maracaibo.

Juan es atropellado, y termina en la UCI. Reclama a la aplicación, pero su única respuesta es un “cuídate”.

Nadie lo obligó a parar en el servicio público. Nadie lo obligó a trabajar sin contrato. Nadie lo obligó a morirse. Lo bueno es que murió libre.

¡Viva la libertad, carajo!

Serranita, segundo lugar categoría escolar, 17 años

Trabajo y estudio

Cansada, con mis últimos pensamientos sobre la cama y luz apagada, bajaron a mi algunos recuerdos y memorias que resonaron fuerte. La angustia de tener que volver a levantarme temprano oprimió mi pecho doloroso.

“Mañana lloro”, me dije, y dormí.

Paloma Constanza Loiza Bastias, primer lugar categoría general, 23 años 

Genealogía del neoliberalismo chileno.

Llegó con la “democracia autoritaria”.

Se mantuvo “en la medida de lo posible”.

Se acrecentó con los viajes, junto “a la Martita”.

Lo vivió “la señora Juanita”.

Se excusó con frases como “estamos trabajando para…”

Sobrevivió a los “marepotos y tusunamis”.

Se puso en tela de juicio con el “me enteré por la prensa”.

Se burló con frases como “que se levanten más temprano”.

Se encontró con el “no son treinta pesos, son treinta años”.

Tuvo una “guerra contra un enemigo implacable y poderoso”.

Tambalea con el “Chile despertó”.

¿Sobrevivirá a una pandemia en el país “con el mejor sistema de salud del planeta.”?

Marcelo Andrés Obligado Donoso, segundo lugar, categoría general, 31 años

No

–Papá, en el colegio nos hablaron sobre la dictadura. La profe mostró un video de un arcoíris y un no.

–Me alegro, hijo.

Mientras pedaleo, pienso en mi chiquillo. Sin saberlo, goza de dos cosas: la posibilidad de aprender en un colegio y tener un padre a quien contárselo.

–Papá, ¿la alegría llegó?

Detengo el triciclo en una esquina y nos bajamos. Sobre un poste hay bolsas negras y una pila de cajas de cartón. Entre los dos acomodamos las cajas entre las ya recogidas.

–¿Por qué preguntas eso, hijo?

–Porque tú siempre estás triste.

Mi garganta se aprieta. ¿Cómo explicarle lo que ni yo sé cómo pasó? La alegría no llegó. Muchos tratamos de conseguirla, dios sabe que sí, pero nos cerraron las puertas.

–¿La alegría llegó? –pregunta de nuevo.

–Tú eres mi alegría –digo revolviendo su pelo–. Ahora súbete, cabro. Vendamos esto y compremos algo para la once.

Mauricio Alexis Flores Figueroa, mención honrosa categoría general, 24 años

La otra yo 

A veces, temprano en la mañana cuando voy en la micro, cierro los ojos y me imagino otra yo, con una vida distinta. La otra yo está estudiando pedagogía o literatura. Alguna de esas cosas de las que en Chile no se vive. Va todos los días a la universidad con una sonrisa en la cara, porque no ha tenido que sacrificar sus principios para que sus papás puedan vivir. Cuando le piden que dé una charla, lo hace feliz, convencida de que ama su carrera. La otra yo no tuvo que decidir entre endeudarse por la carrera que ama o por la que le dará dinero suficiente para pagar la deuda. La otra yo no es una hipócrita, porque sus padres tienen una pensión y salud decentes. De las dos, ella tiene la mejor vida.

Andrea Pizarro, mención honrosa categoría escolar, 17 años

Algo básico para vivir.

Agradezco tener leña para el invierno, me gusta hacerme la valiente viendo cuánta puedo cargar, no todos pueden. En Chile hay quienes mueren por no tener lo básico, y hay quienes dejan morir por falta de gallardía. Se puede decir que tampoco tienen lo básico.

Javiera Isidora Alvarado Zúñiga, mención honrosa categoría escolar, 15 años

Economía Doméstica

Era una casa para dos, pero en ella vivían cinco. Con mucho sacrificio, deudas y estrés. Y para que el sueldo de uno llegara a fin de mes, a veces, en secreto, solo comían tres.

César Antonio Morgado Muñoz, mención honrosa categoría general, 26 años

Todo gira en torno a la plata

No hay nada que represente más el egoísmo que genera el neoliberalismo que cuando se roban la plata de la gira y terminas en el confiable Tabo.

Leopoldo Javier San Martín Bugueño , mención honrosa categoría escolar, 17 años

Gerente chasquilla

¿Despedido? ¿Yo? Trabajo hace quince años en esta empresa. Soy el primero en llegar y el último en salir. 

Soy gerente, la asistente que nunca me contrataron y telefonista de todos. Sirvo cafés, reparo computadores, cargo cajas e incluso he hecho de maestro chasquilla cuando se ha inundado, no una ni dos, sino que tres veces, esta casa que ni adaptaron para trabajar. ¿Yo despedido? Me resfrío en invierno porque mi oficina tiene goteras. Esta ampliación ilegal, que es un frigorífico o sauna según la temporada.

Despedido… después de tantos años batallando por la empresa, con una depresión que no se va por todo lo que me guardo, siendo un padre ausente porque salgo de aquí a las diez de la noche haciendo trabajo pasado, presente y futuro. Abandonado en tiempos de crisis, abandonado en esta “protección del empleo”.

Pero oiga, ¿me haría un favor? ¿Le puedo dejar mi currículum?

Karla Rauch Maturana , mención honrosa categoría general, 28 años

Mi currículum

En verano vendo en las micros agua mineral, marzo es para vender útiles escolares que vienen directamente desde la importadora internacional al pasajero, en abril traigo los huevitos de pascua con menos cacao del mercado, mayo está dedicado a las flores para las madres y en invierno me enfoco en la panti polar. En primavera me especializo en dulces y calabazas que no alcancé a vender el año pasado. Noviembre cuido autos en los cementerios y diciembre es para el cotillón de año nuevo. Con este currículum la carrera de ingeniería comercial sería fácil, si hubiera ido al colegio.

Boris Bernardo Sepulveda Rivera, mención honrosa categoría general, 30 años

[Sin título] 

¿Quiero lo que quiero porque realmente lo quiero? ¿O quiero lo que quiero porque el resto quiere que quiera este televisor de 50 pulgadas que pagaré en 12 cuotas con interés de 2% por cuota?

Pía Provoste, mención honrosa categoría escolar, 17 años

Una convidada por compromiso

Mi nombre es un eco, que rebota en palabras de la más diversa índole. He sido desde siempre invitada a todo tipo de escenarios: a conversaciones de media tarde, donde quejumbrosos compiten por ver a quién atormenta mayor pesar; a fríos lechos con almas en pena que regresan recriminando mi ausencia; a las lúgubres calles, donde ancianos me convidan a nada más que a una buena conversación, porque para un té no les alcanza; a diminutos apartamentos donde una madre soltera llega de una extensa jornada, porque con la pensión no puede pagar la leche; a atochados pasillos de hospital para compartir espacio en indignas sillas plásticas que dan por camillas. Soy la promesa de políticos y esperanza de los pobres, todos me convocan, pero nunca llego y, si lo hago, es demasiado tarde. Sin embargo, siempre cumplo. Después de todo, son demasiados los que anhelan un poco de justicia en sus vidas.

Laura Carolina Belen Zegpi Reyes, mención honrosa categoría escolar, 18 años

El cuco

Hace dos días cumplí 7 años e hicimos una celebración en mi casa, invité a 10 amigos del pasaje y jugamos a la pinta. El último, Félix, se fue a las 10:30, me dijo que no quería volver a su casa, pero llegó su papá enojado y se lo llevó. A mí, en cambio, me mandaron a acostar, pero al ver que no me tranquilizaba mi mamá se sentó en la orilla de la cama y me dijo que si no me dormía el cuco me iba a llevar. 

Me quedé callado, me acosté y cerrando los ojos me pregunté si es que el cuco era el que la mayoría de los días se llevaba a mis papás antes de que me despertara y los devolvía después de que me durmiera.

Antonio Asceta, mención honrosa categoría general, 18 años

[Sin título]

Mi hermana mayor siempre me decía, cuando salía, que un día el mundo sería un lugar donde las niñas viviríamos sin miedo. Llevaba banderas o carteles, volvía contenta por los animales, las mujeres, el medio ambiente. Siempre salía a manifestarse. El 25 de octubre mi hermana no volvió.

Eloisa Montoya Videla, mención honrosa categoría escolar, 12 años 

La línea

De un tiempo a esta parte solo puedo ver la mitad del mundo a la vez.

Todo partió con una pregunta, ¿Por qué antes éramos pobres y ahora no, si nada ha cambiado? No recuerdo la primera vez que lo pensé, pero la puse en palabras hace no mucho. Sabía que era un tema sensible para mi padre, así que tardé meses en preguntar. Su respuesta fue sencilla: los de arriba subieron la línea para hacer parecer que su asqueroso sistema funciona. Cuando al fin nos cansamos, salí con mis vecinos a protestar, pero siempre llegaban los pacos.

Y ahora que lo pienso, no es que solo pueda ver la mitad del mundo a la vez, es que solo tengo un ojo para mirarlo.

Antonio Allende (AZ), mención honrosa categoría general, 18 años

Antes del fuego

Eduardo despertó temprano en la mañana, terminó de escribir la carta, compró el líquido inflamable y antes de mediodía tomó posición frente a La Moneda. «Mi alma que desborda humanidad ya no soporta tanta injusticia» se leía en esa carta que algunos curiosos sostenían en sus manos. La chispa saltó sobre su herida abdominal y las llamas se extendieron sobre su cuerpo hasta matarlo al día siguiente. El fuego se extendería hasta octubre.

Felipe Guerra Garrido (Marciano), mención honrosa categoría general, 28 años

El Plan

El plan nunca había sido ese. El plan no era ir todos los viernes a la Plaza de la Dignidad, no era salir todos los días a cacerolear, el plan no era quemarlo todo ni salir a rayar. Pero el plan tampoco era una casa de cuarenta metros cuadrados con paredes apestadas de humedad, ni créditos millonarios para estudios universitarios, ni viajes de dos horas para ir a trabajar. El plan nunca había sido de ella, así que tomó la cuchara de palo y la olla, abrió la puerta y salió a gritar su propio plan.

Donaolmos, categoría general, 24 años

El Día de la Princesa

La princesa despertó ese lunes. Su ventana la saludaba con uno de los paisajes que todavía no era arruinado por las empresas de su padre. Por supuesto, ella desconocía sus negocios: la vida de una princesa consistía en la indiferencia. Pero ese día, excepcionalmente, bajó las escaleras de caracol de su castillo y se sentó a leer las noticias. La prensa anunciaba una revuelta de plebeyos en su reino, exigiendo todo tipo de derechos a los que su progenitor se negaba sin criterio. Golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos, eran ellos. La mayoría sin un ojo, y el restante enrojecido por el humo de las barricadas. Ella no entendía los insultos pues, ¿qué habría hecho para merecer esto? Jamás pensó que el trabajo de su padre era enterrar personas antes de estar muertas. Entonces, la princesa pensó: ¿será este el momento de invocar a Freud?

Santiago Salazar Serrano, mención honrosa categoría escolar, 15 años

Otro día más de cuarentena

9:30 a.m., me despierta mi hermano chico para que les dé desayuno. Con sueño empieza otro día más de encierro. Desayunamos, lavo la loza, le ayudo a hacer tareas al más chico. Preparo almuerzo, lavo la loza, le ayudo en sus tareas al que le sigue en edad. Apago la tele e invento un juego y trato de que se diviertan lo más posible, pues no se puede salir de casa. Dan las 8:40 p.m. y llegan mis padres, tomamos once y a la cama, no me alcanzó el tiempo para hacer mis tareas, así que este año se repite el curso…

9:30 a.m empieza el día.”

 

Anastasia Daniela Vidal Tarraza (Anastasia V.T.), mención honrosa categoría general, 17 años

Centro Interplanetario de Investigación Arqueológica (CIIA). La extinción del hombre.

El hombre vivió en el planeta Tierra, ubicado en el brazo Orión de la galaxia espiral, Vía Láctea. En él, toda forma de vida se desarrollaba en una tenue y delgada capa que la rodeaba, llamada biosfera.

A diferencia de los dinosaurios (ver informe aparte), fue el propio hombre el causante de su extinción.

Habitó por millones de años y llegó a ser cazador-recolector, viviendo en armonía con la naturaleza.

Todo cambió cuando convirtió en mercancía lo que la naturaleza le regalaba. Apareció el explotador y el explotado, el Capitalismo y el Neoliberalismo.

Incentivó el consumo. Se crearon necesidades, que lo obligaban a trabajar hasta el agotamiento.

Un virus que nadie previó los empezó a matar.

Envenenó el aire, la tierra y el mar, para producir “riquezas”.

Agotó los recursos disponibles en la biosfera y se extinguió. Pudimos encontrar solo formas primitivas de vida en este planeta.

Ernesto Águila Mancilla, mención honrosa categoría general, 83 años